El modelo de revaluación

El modelo de revaluación brinda a la empresa la posibilidad de llevar un activo fijo a su monto revaluado. Luego de la revaluación, el importe registrado dentro de los libros es el valor razonable del activo, menos la depreciación acumulada posterior y las pérdidas por deterioro acumuladas. Desde este enfoque, uno tiene que continuar revaluando los activos fijos a intervalos suficientemente regulares, para poder garantizar que el valor en los libros no difiera materialmente del valor razonable en ningún periodo. Esta opción solo se encuentra disponible bajo las normas internacionales de información financiera (NIIF).

Algunos activos fijos pueden tener valores razonables bastante volátiles, por lo que pueden requerir revaluaciones al menos una vez al año. En los otros casos, las NIIF recomienda revaluaciones una vez cada tres o cinco años. Al revaluarse un activo fijo, existen dos formas de lidiar con cualquier depreciación acumulada desde su última revaluación. Las opciones existentes son:

– Obligar al valor en libros del activo a igualar el monto recientemente revaluado reexpresando proporcionalmente el monto de la depreciación acumulada;

– Eliminar la depreciación acumulada contra el importe bruto en libros del activo recientemente revaluado. Este es el método más simple de las dos alternativas.

Para poder determinar el valor razonable de un activo fijo, se debe utilizar una evaluación que se base en el mercado, lo cual solo puede hacerlo un especialista calificado en valuación. Si un activo es muy especializado en algo, siendo imposible obtener un valor basado en el mercado, lo ideal es utilizar un método alterno para poder obtener un valor razonable estimado. Un claro ejemplo son la utilización de flujos de efectivo futuros descontados o una estimación del costo de reemplazo de un activo.

Si se opta por la utilización del modelo de revaluación y una revaluación resulta en un aumento en el valor en libros de un activo fijo, se debe reconocer el aumento en otro resultado integral y acumularlo en el patrimonio en una cuenta que se titule como excedente de revaluación. En cambio, si el aumento revierte una disminución de la revaluación para el mismo activo que ya se había reconocido de forma previa en los resultados, se debe reconocer la ganancia de revaluación en los resultados en la medida de la pérdida anterior y de esa forma borrar las pérdidas.

Si una revaluación da como resultado una disminución en el valor en los libros de un activo fijo, se debe reconocer la disminución en la utilidad o pérdida. Aunque, si existe un saldo acreedor en el superávit de la revaluación para ese activo, se debe reconocer la disminución en otro resultado integral para poder recompensar el saldo acreedor. Por lo tanto, la disminución que se reconoce en otro resultado integral, disminuye la cantidad de cualquier superávit de revaluación ya registrado dentro del patrimonio.

Si un activo fijo se da de baja, se debe transferir cualquier excedente existente de la revaluación asociada a las ganancias retenidas. El monto de ese excedente transferido a las ganancias retenidas es la diferencia entre la depreciación basada en el costo original del activo y la depreciación basada en el valor en libros revaluado del activo.

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